Posteado por: Cristóbal Alamo Pérez | marzo 8, 2013

¿Lo dice Carromero?

The Washington Post parece ser el medio “elegido” para cambiar el testimonio del español Ángel Carromero, en relación con el lamentable accidente ocurrido en julio de 2012, en la oriental provincia cubana de Granma, y que provocara la muerte de dos cubanos, entre ellos la de Oswaldo Payá Sardiña,

Recurrieron a un medio norteamericano para buscar un toque de credibilidad a una zaga de recientes declaraciones reproducidas en medios digitales anticubanos, y supuestamente atribuidas al culpable de este accidente.

Emergen, sin lugar a dudas, desde sectores de la ultraderecha española empecinados en satanizar a Cuba en el tema de los derechos humanos. Los aliados de Washington en España afilan sus garras para presentar un “caso” contra la Isla ante el Examen Periódico Universal (EPU), un nuevo mecanismo del Consejo de Derechos Humanos que sesionará en el mes de mayo en Ginebra.

Curiosamente, El País, que tiene una política editorial bien definida contra Cuba, tomó distancia de esta “historia”, y reprodujo las declaraciones de José Manuel García-Margallo, canciller del país ibérico.

García-Margallo afirmó el miércoles que la única constancia que tiene de lo ocurrido son los telegramas que recibió de la embajada española en Cuba y el memorándum de entendimiento que firmó el cónsul con las autoridades de La Habana.

Recordó que ese documento se rubricó “con el consentimiento del señor Carromero y de acuerdo con sus declaraciones, en el que no se hacía constar la circunstancia” que ahora presenta el diario norteamericano, y que coincide con la versión del accidente que defiende la familia de Payá.

Lo cierto es que pocos medios de comunicación –algo parecen haber aprendido para preferir la cautela en este asunto- se han hecho eco de las declaraciones de Rosa María Payá.

Lo explicado por ella coincide con las matrices de opinión que se intentaron sembrar desde el sur de la Florida, una vez ocurrido el accidente, y que resultaron desmentidas por los propios implicados, además de testigos y peritos.

La verdad es una sola: Carromero resultó culpable en un juicio del que el cónsul español en Cuba dijo: “Se han respetado todas las normas del proceso”.

Esta crónica del corresponsal de la BBC en Cuba que, como otros periodistas, asistió al juicio, desmiente a Rosa María Payá: El cónsul de España en Cuba, Tomas Rodríguez, describió el juicio contra su compatriota Ángel Carromero como “limpio, abierto y procesalmente impecable”, asegurando que el acusado recibió un buen trato y que “la defensa ha estado muy bien”.

Cuando lo periodistas extranjeros oímos esta síntesis respiramos tranquilos porque si nos hubiera tocado hacerla a nosotros nos acusarían de procastristas.

Rodríguez, en cambio, representa a un gobierno de derecha políticamente enfrentado a La Habana. Lo cierto es que dentro de la sala el acusado estuvo acompañado del Cónsul de su país y de un abogado enviado desde España por su familia para asesorar a la letrada cubana que -coincido con el diplomático- llevó el caso con mucha habilidad.

En otra sala estábamos los periodistas. Nos prohibieron entrar grabadoras, laptop, cámaras y teléfonos pero en cambio nos permitieron seguir todo el juicio en directo por un monitor de TV, mientras nuestros colegas gráficos esperaban lograr una imagen en la puerta del tribunal.

Según mis recuerdos no teníamos semejantes facilidades desde el proceso contra los salvadoreños que colocaron bombas en hoteles turísticos, a finales de los años 90.

Ojalá que este cambio se convierta en política para que los juicios sean verdaderamente públicos. La primera impresión al ver a todos vestidos con pesadas togas negras fue la de haber entrado en una película de Harry Potter pero pronto pudimos comprobar que tanto los jueces como la fiscal y la abogada defensora eran muy rigurosos en su trabajo. La fiscalía se empeñó de demostrar que el accidente fue responsabilidad de Ángel Carromero por su temeridad, imprudencia y falta de habilidad al conducir.

Se apoyó en todo tipo de peritaje, incluso el de un biólogo que determinó la dureza del árbol contra el cual chocaron.

Con el evidente fin de conmover a la sala presentó a un médico forense que describió y mostró fotos del estado en que quedó el líder disidente Oswaldo Payá: cráneo dividido en cinco partes, casi decapitado, el corazón atravesado y los riñones convertidos en “papilla”.

La abogada defensora parecía solo interesada en el mal estado de la carretera, la ubicación de las señales de advertencia y la certeza de las pruebas periciales.

En la sala de prensa se oían suspiros impacientes cada vez que volvía a interrogar a los peritos sobre estos puntos.

Finalmente mostró todas sus cartas cuando en base a esos interrogatorios pudo desestimar parte de los peritajes, dejando ver que las cosas podrían haber ocurrido de forma muy diferente y responsabilizando a la mala señalización de la carretera por la catástrofe.

No sé qué efecto habrá tenido entre los jueces pero a los periodistas logró sembrarnos la duda y entonces comprendimos que esa había sido su estrategia desde el principio.

Yo apunté su nombre, si algún día necesito un abogado en Cuba me gustaría que fuera ella.

Finalmente pidió la absolución de su cliente pero desde el principio mencionó la posibilidad de una reducción de la solicitud fiscal de 7 años de condena por una pena de prisión domiciliaria a cumplir en la casa del cónsul de España en La Habana.

Al día siguiente la viuda de Oswaldo Payá hacía declaraciones a la prensa extranjera en el lugar del accidente insinuando la tesis del complot para el asesinato de su esposo. “No sé si algún día sabré exactamente la verdad de las cosas”, decía junto al árbol que lo mató. Inicialmente la oposición y la familia manejaron la tesis de que el automóvil fue empujado fuera de la carretera por otro vehículo.

Sin embargo, el propio Carromero lo desmintió asegurando que en el momento del siniestro solo vio venir un tractor en sentido contrario y a más de 200 mts.

La viuda y los hijos fueron trasladados hasta Bayamo en un vehículo que, aparentemente, pertenece a la Iglesia Católica.

Resulta una paradoja dado que, antes de su muerte, Oswaldo Payá denunció al clero por aliarse al gobierno para marginar a la disidencia. La presencia de la familia Payá fue la única nota política del juicio.

La fiscalía no utilizó la confesión de Carromero y el sueco Modig, donde reconocen que viajaron a Cuba para entregar dinero y asesorar a la disidencia en la creación de grupos juveniles de oposición.

Ni la ultrarreaccionaria Esperanza Aguirre, ex Presidenta de la Comunidad de Madrid, que visitó a Carromero inmediatamente después de su llegada, se tomó la atribución de hablar en nombre del convicto. Pero voceros de la ultraderecha cubana en Miami llevan meses emplazando al joven político del Partido Popular para que repita lo que ellos quieren escuchar.

Como eso no ocurre, han enviado a la hija de Payá para convencerlo de que cambie su versión de los hechos. “Habla Carromero”, exigía un editorial publicado por el sito digital Diario de Cuba, página financiada por la conocida National Endownment for Democracy, pantalla de la CIA. Como el emplazado no ha dicho lo que se le exige, decidieron hablar por él. Solo entre ellos parecen escucharse.

Yohandry Fontana, La Habana

Tomado del blogg de Yoandry

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